6º 2019 · Daño no hace

Salía de la litera a las 05:36, cuatro minutos antes de que sonase la suave melodía que tengo como despertador a diario. No había prisa por salir, pero si por ducharme. El albergue tiene una capacidad para 52 peregrinos, con una sola ducha en el baño de los hombres… como para no tener prisa.

Ayer, después de acabar de escribir, revisar y subir las fotos al blog, con el resumen de lo que había sido la jornada, cuando me quise poner a hacerme la cena, bueno, cena, el sobre de sopa maravilla de Hacendado, la cocina del albergue estaba en hora punta, ríete tú de la barra libre de una boda con mucha chavalería a primera hora… eso sí, con el mismo buen rollo.

La cocina era amplia y bien equipada. Me sorprendió la vitrocerámica. Táctil y muy grande. De cinco fuegos! Entre la cocina y la sala comedor, donde había estado toda la tarde escribiendo, estaríamos unas 26 o 30 personas, en uno 30 metros cuadrados, y había de multitud de nacionalidades, portugueses, italianos, franceses, alemanes, ingleses, holandeses, y alguno más que no me atrevería a decir si eran americanos o de Chiquitistan, además de cuatro españoles, bueno o tres… David, el Mequero de Soria, Rafael, de Trujillo, Caceres, la tierra de Navidul, que allí estaba ofreciendo y compartiendo blíster de jamón con aquella pequeña torre de Babel en formato adosado, y Alba, una chica que no sé si es catalana de Girona o española de Gerona, pero que tampoco es de mi incumbencia.

El caso es que, en menos de lo que me esperaba, pude hacer fuerte en uno de los cinco fuegos y poner a calentar el cazo con un poco de agua para la sopa. Mientras cenábamos, repartidos todos en dos mesas; una muy grande en forma de L, otra alargada como para 8 o 10, el principal tema de conversación, en distintos idiomas, yo entendía algo el inglés e italiano, además de, a la perfección, el español, fuese con acento extremeño, de Girona o incluso de Soria. Pues eso, que el tema estrella era la previsión meteorológica que había para el día siguiente, teniendo en cuenta que eran 17 km hasta llegar al primer pueblo, y que se hacía por un sendero tipo cañada real, sin posibilidad de guarecerte en esos 17 Km, o lo que es lo mismo, mínimo durante tres horas. El tema era que el Mariano Medina de nuestros días, que no es ni Roberto Brasero, ni Mario Picazo, sino el Google!!! Pues este decía o interpretaban que fuertes precipitaciones toda la noche y hasta ben entrada al mañana.

Algunos hablaban de salir a las 11:00 otros a las 12:00, aunque llegasen a última hora de la tarde, pero de día. Luego había otros que no teníamos claro lo que íbamos a hacer, pero desde luego yo, sin tampoco exponerlo abiertamente, tenía claro que no iba a salir más tarde de las 9. Mi idea era levantarme como todos los días, para no perder turno en la ducha, prepararía las cosas sin prisas, con tranquilidad y según viese como iba la mañana tomaría la decisión de salir, pero lo que era seguro es que no saldría de noche. Como pronto a las 8, así evitaba percances con charcos por falta de visibilidad.

Esta mañana, después de la ducha y de los preparativos, de equipaje y del cuerpo con la necesaria sesión de estiramientos, y calzando botas en previsión de lluvia, tras comprobar in situ como estaba el panorama por allí fuera, tome la decisión de salir ya!

Eran las 07:48 cuando disparaba el selfie a la puerta del Albergue y, aun de noche, empezaba a dar los primeros pasos por las calles al encuentro de las primeras señales que me corroborasen que era la senda correcta. Ya localizado el camino, a los pocos metros localicé un bar, me pareció que estaba todavía sin abrir, pero no quería arriesgarme a que fuese la última opción antes de salir del pueblo y no haberme comido más que una manzana que, a primera hora, gentilmente me ha ofrecido un peregrino portugués, Antonio, y compañero de andanzas diarias de David, el Soriano. No he dudado en aceptarla, darle las gracias por el detalle e ir de inmediato a la cocina, ahora mucho menos concurrida que anoche, para darle un agua y meterle cuatro bocados bien dados, y luego otros cuatro, y los que han sido necesarios para comerme aquella manzana, regalada y que le sacaba cuatro cuerpos a la que me tome ayer de almuerzo, eso sí, por “solo” 90 céntimos.

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Cuando he abierto la puerta del bar, el hombre estaba fregando el suelo y cuando le he preguntado si estaba cerrado me ha dicho que no, que ya estaba abierta la puerta, pero que él estaba fregando, que pasase si quería. Le he dado las gracias, y he pedido un cortado y una tostada de pan con aceite y tomate. Estaba el haciendo sus cosillas y yo desayunando mientras miraba con desgana la televisión, las noticias de la uno, la verdad es que no quería seguir viendo ni leyendo titulares, tenía la impresión de que prestarle atención me podía cortar el cortado, indigestar las tostadas y arruinar mis pensamientos en este Camino. Por suerte, la puerta de la calle se ha abierto y como un Ángel Redentor, ha aparecido la figura de Fernando! Aquel que hace unos días me acongojo, como estatua viviente al alba, hoy me rescataba de una indignación segura e inútil, ya tendré tiempo en Madrid, lejos de esta paz, de preocuparme e indignarme por situaciones en las que no puedo intervenir de manera directa, salvo ejerciendo mi derecho al voto en las próximas elecciones. ¿Otra vez? ¡Otra vez!

A las 8:30 emprendía definitivamente el camino, dejando a Fernando desayunando en la barra. Salía dirección a Terradillo de los Templarios, destino de la jornada de hoy, con Calzadilla de la Cueza como primer referente. Hasta llegar a Calzadilla no habría nada más que camino y posiblemente lluvia, aunque en aquel momento no llovía, pero estaba claro que podía hacerlo en cualquier momento. Caminando hacia las afueras de Carrión de los Condes he hecho algunas fotillos, pronto he seguido la estela de los peregrinos que me precedían. Desde el inicio de aquella estrecha carretera comarcal se podía distinguir un importante pelotón de peregrinos en hilera. He dedicado un instante para hacer un recuento y, a ojo de buen cubero, me salían unos cincuenta… algo que, a lo largo de la mañana, de las interminables rectas, he podido comprobar que quizá me he equivocado por muy poco.

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Después de caminar durante 45 minutos por un  fino sendero junto al asfalto, para evitar pisar este, he alcanzado, por fin, un camino de tierra, camino que denominan la Vía Aquitana y que, al parecer, bajo la tierra y zahorra se esconde una calzada Romana que unió Burdeos con Astorga. Mia sensaciones eran buenas, no tenía ninguna molestia, aunque sabía que me sobraban las botas. La temperatura era fresca, tirando a serio fresquete, sobre todo cuando soplaba un poquito de viento, pero seguía sin caer una sola gota, aunque desde hacía un buen rato se veía de frente, como en el quinto coñe, una cortina que difuminaba los árboles que se veían a lo lejos, algo que disipaba posibles dudas… iba a llover.

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Con la psicosis que había de agua, me había puesto desde inicio las botas a sabiendas de que con lo que mejor ando es con “mis zapatillas del camino”. Llevaba ya una hora caminando y, en  vista de que no llovía ni hacia frio como para llevar esas botas, he decidido que en cuanto que viese un sitio donde poder parar haría el cambio, dejaría las botas en la mochila, a mano por si arrancase a llover de manera intensa e iría con las zapatillas que son una garantía para que no sufran mis pies (más de lo inevitable). A las 09:45 estaba en un merendero haciendo el cambio y en dos minutos reanudando la marcha, no sin antes pedirle permiso a un inglés o americano, para que me dejase hacerle una foto. Me ha llamado la atención, estaba sentado frente a la mesa del merendero, con muchas cosas y papeles sobre la mesa, como escribiendo o revisando una cuentas como si en lugar de estar en su gestoría hubiese decidido salir al parque aprovechando un día tan soleado… el tipo, aunque un poco sorprendido por mí extravagante petición, ha accedido.

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Nuevamente en el sendero, las sensaciones en los pies no tenían nada que ver, ahora podían respirar, iban sueltos y fresquitos. Menos mal! Estoy casi seguro que sino hago el cambio hoy me hubiese pasado factura de manera importante. Dicho lo cual, abro un paréntesis para explicar algo que desde hace tiempo he observado y que creo es uno de los dos grandes errores que se comenten en El Camino, El uso de botas a la ligera. Hay mucha gente que cree que para andar, fuera de la urbe, el mejor calzado en una bota, y si es buena, de marca y muy cara, pues mucho mejor… pero la realidad es que lo mejor para los pies, cuando les vas a meter un tute de cinco, seis o siete horas caminando, da igual de que marca sean las botas, o que el calcetín sea de Hugo Boss Trekking o Armani Mountain… lo ideal es que estén limpios, bien lubricados (la vaselina antes de calzarse es posiblemente la mejor  opción), que el  calcetín vaya bien ajustado (no apretado) que no permita pliegues ni rozaduras y sobre todo que el pie no sude, que transpire, pero de verdad, que tengan ventilación, de otro modo el pie se recalienta, se cuece, agrieta y es más probable que aparezcan yagas o heridas. Mucha de la gente que va cojeando, por un problema de ampollas y yagas, calzan botas. Trás esta apreciación personal, a título informativo y como sugerencia por si alguna vez alguien que lo lee se decide a venir al Camino… retomo el mío.

Sobre las 10:15 ha empezado a lloviznar, nada serio, pero la sensación térmica descendía, el agua junto con el viento lo provocaban. A los poco minutos se ha intensificado sin llegar a ser tampoco un chaparrón, sino más bien un calabobos de grado 4 en la escala de chirimiri. Así ha estado durante gran parte del tramo de la vía Aquitana y de su continuación, la Cañada Real Leonesa. La Lluvia ha cesado poco antes de llegar a Calzadilla de Cueza, el primer referente para todos los peregrinos, donde he llegado poco después de las once y media.

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A la entrada de Calzadilla, en un albergue bar que hay a la izquierda, he aprovechado para descolgarme la mochila y hurgar en ella para darle un tiento al chorizo, al jamón e intentar dar fin al pan que compre el lunes en Burgos. Han sido escasamente 10 minutos, aunque mi intención y deseo era dedicarle más tiempo y disfrute al almuerzo, al menos un par de lonchas más de chorizo y haber dado fin no solo al pan sino también al jamón, además de  un par de tragos más al vino, nuevo ya, lo que quedaba del de Rouco lo vacié por el lavabo en Boadilla del Camino, no es que supiese a corcho, es que tenía ya matices del tapón rojo de plástico y había desmerecido algo más que mucho. El caso es que aunque mi intención era otra, he tenido que plegar echando leches por culpa de las avispas!!! A mí que no me digan chorradas, pero algo raro está pasando, no es normal que a estas alturas, en Palencia, con frío, viento y humedad, te pongas a almorzar en un banco en la calle y te invadan las avispas!!! Por muy bueno que sea el chorizo o incluso el vino.

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Con la mochila nuevamente a cuestas, con el impermeable sin quitar, en previsión de nuevas lluvias, pensando en las dos rodajas de chorizo a las que no he podido hincar el diente, he vuelto al camino para a travesar Calzadilla, cruzar la N-120 y tomar un andadero natural que discurre en paralelo a esta nacional hasta llegar, primero a Ledigos y poco más de 3 km después, a las 13:37, a Terradillos de los Templarios, el destino de hoy, y todo ello sin caer ni una gota más de agua.

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Hoy que iba a ser un día de agua, de mucha agua, que igual no podíamos salir hasta las 11 o las 12… al final ha sido un día fantástico para lo que podía haber sido. En mi opinión  el problema es que pecamos de querer saber las cosas antes de tiempo, recurrimos incluso a los que más saben, a Google, tendemos a creernos lo que nos ha dicho Gloogle, porque se Google y lo sabe todo y luego tendemos a ponernos en lo peor, a poner la venda antes de tener la herida… leí por ahí hace un tiempo que “La preocupación no elimina el dolor de mañana, pero elimina la fuerza de hoy”. Y así es, esta mañana muchos salían demasiado angustiados por temor a lo que nos habían dicho que podía pasar… pero ese “podía” no era garantía de que fuese a pasar. Algunos han salido ya agotados, empapados de agua y con las botas pesadas de barro desde Carrión. Yo, por suerte, he pensado a medio camino, sin dejarme llevar por lo que pudiese pasar más adelante, me he cambiado las botas y ha sido mi salvación, he llegado hasta aquí con los pies secos, de agua y de sudor.

Mañana será otro día y pasará lo que tenga que pasar. Posiblemente un día nos caerá la monumental y llegaré empapado y destrozado, pero hoy, vuelvo a estar como una rosa y con una jornada menos que hacer o una más a mis espaldas. Quizá, solo quizá, el hecho de que ayer, cuando estaba acabando de escribir, optase por dejar todo y me fuese para hacer lo que le había dicho quizá haría a la hospitalaria monjita, ir a misa, sin ninguna intención concreta, solo haciendo lo que hacen algunos peregrinos, ir a misa por la tarde. Quizá sí o no, eso haya tenido o no que ver, pero lo que está claro es que, la media hora de ayer por la tarde, daño no hace.

Y Mañana más.

#Buencamino

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