2018 · 4ª Jornada.

Tras el percance informático de la tarde/noche de ayer, y habiendo además pasado una noche raruna por ello, nuestras andanzas de hoy daban comienzo a las 07:02, a puertas del Hotel Avenida, tras el oportuno selfie, alojamiento que nos dio cobijo, en Pontevedra, la noche del sábado al domingo.

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Por obligación tuvimos que pasar por el hotel el día anterior al llegar a Pontevedra a recoger la mochila “roja”, lugar donde el “mochilero” nos informó la depositaría al no poderlo hacer en el albergue seleccionado para esa noche, el albergue municipal La Virgen  Peregrina. Al parecer, los alberges municipales no permiten la entrega de mochilas puesto que ningún peregrino tiene garantizado el hospedaje al no admitir reservas. Por lo que las empresas que se dedican al transporte de mochilas, tienen convenio con un alojamiento privado cercano para la entrega y recogida de este tipo de equipaje. Una vez allí y dadas las horas que eran, las 14:45, peguntamos disponibilidad de habitaciones, precio y como tampoco había que pedir ampliación de hipoteca o anticipo para hacerlo frente, ante la posibilidad de que dadas las horas del albergue colgase el cartel de completo, decidimos tirar la casa por la ventana y por una noche, olvidarnos de albergues, hostales, pensiones y tirar de hotelazo… un dos estrellas!!! Que se puede ser peregrino pero no miserable… jajajajaja (ironía modo on, eh).

Bueno, pues eso, que empezábamos a caminar por las calle de Pontevedra con un kiwi en el buche y yo, además, un espidifen 600… cosa rara en mí, pero he pasado la noche con dolor de cabeza y me he levantado con la firme intención de acabar con él. Partíamos cogiendo un itinerario distinto al marcado por el propio Camino; una decisión personal y apoyada por mi compañera. Mi idea era, dadas las horas intempestivas, intentar garantizarnos una opción de desayuno antes de salir de Pontevedra. La tarde anterior, dando un pequeño paseo por el centro histórico, ya de regreso al hotel por calles distintas a las marcadas como senda del Camino, nos encontramos por casualidad con el casi céntrico Hospital Provincial de Pontevedra y tuve la idea de que quizá a esas horas, si podía haber un sitio abierto para desayunar, algo que no fuese un affter, podría estar por allí… GRAN ACIERTO!!!  A las 7:15 teníamos frente a nosotros sendos cafés y tostadas de pan, además de por cuenta de la casa… unos chupitos de zumo de naranja, unos churros y dos trocitos de bizcocho de chocolate… La verdad, es un verdadero placer que te sorprendan de esta manera cuando sales de las llamadas ciudades cosmopolitas… con esas atenciones al pedir un simple desayuno, pero más aún a la hora de pagarlo… hemos pagado ¡tres euros con veinte!, es decir , 1,60€ por desayuno, más el “aperitivo” de los churros, los bizcochos y el chupito de zumo natural de naranja… llamadme loco pero algo no me cuadra… sin ahondar mucho, la sensación a bote pronto es que me están engañando o robando a diario, solo por vivir en una ciudad cosmopolita, pero súper molona…

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Tras el gran desayuno, a un precio mejor del imaginable, emprendíamos, ahora sí, el camino de hoy dirección Caldas de Reis… la etapa más larga hasta el momento. Tras las dos iniciales de algo más de 17 km. y la de 22 de ayer, hoy nos enfrentábamos sobre el papel a 23 km. Teniendo en cuenta que conocemos el límite de sufrimiento de Marian, que está alrededor de los 18, desde los 20 es su suplicio, hoy debíamos dosificar, tomárnoslo con tranquilidad como el día anterior y rezar o rogar para que la jornada no nos deparase mucho asfalto.

Poco antes de las 8 de la mañana, con noche casi cerrada aún, dejábamos Pontevedra atrás comenzando a caminar por pequeñas poblaciones limítrofes, cierto es que el terreno que pisábamos era aún asfaltado, pero los 15 o 18 grados de temperatura, que estábamos aún frescos y lo agradable de la oscuridad y los sonidos previos al amanecer, lo hacían muy confortable y llevadero. En poco más de 15 0 20 minutos ya estábamos lejos del asfalto, en plena naturaleza, fuera de población alguna, y empezando a disfrutar de los tonos que acompañan al amanecer y que en seguida dejaron ver que el día amanecía con nubes y con poca claridad, de hecho, igual que el día anterior, hubo que tirar de linterna durante unos 10 minutos para iluminar la zona de pisada para no ir a tientas… El día era gris, pero de una temperatura ideal. Hay que decir que hasta ahora, la climatología y la temperatura están siendo fabulosas, una maravilla de tiempo… lo que ahora tendemos a llamar… “un tiempazo”, que sí, que está de moda, pero no sé yo si lo recogerá “aún “ la rae…

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Tras algo más una hora por calles, carreteras comarcales y caminos asfaltados, dábamos con un sendero adoquinado, a tramos con travesias de granito, que desembocaba en un sendero en el que la vegetación tomaba protagonismo, y donde solo los puntuales muros de piedra o roca, así como la zahorra de granito, contrastaban con el  verde, la tierra y el humus de las hojas caídas… nos sumergíamos poco a poco en un paraje de cuento… donde afloran sin querer leyendas de gnomos, faunos o seres mágicos… y donde los pasos no tocan la mullida capa de tierra y hojas húmedas mezclada con zahorra, sino que más bien se levita por el entorno y porque la distancia que aún es corta anestesia las molestias musculares del día anterior y no permite percibir todavía las nuevas del día.

El escenario que hemos atravesado durante casi una hora ha sido sencillamente un espectáculo para los sentidos… momento que mi compañera ha aprovechado para pensar en voz alta, compartiendo conmigo, sus gratitudes y deseos, que son muchos, y que bien sabe no podrá trasmitir in situ al Santo Santiago Apóstol el próximo martes cuando, si nada lo impide, lleguemos a la plaza del Obradoiro y abracemos al Santo en la Catedral. Sin duda ha sido un tramo mágico.. caminando por aquel paraje de ensueño, con la temperatura y humedad perfecta, sin fricción en ningún musculo ni hueso, escuchar sus palabras dando las gracias por tener a tanta gente a su lado, familia, amigos, compañeros.. hasta ángel de la guarda, y pedir por todos ellos y por los que ya no están pero siempre la acompañaran… ha sido un momento indescriptible pero maravilloso… extraordinario! Solo por esto hubiese merecido pasar todo lo que se ha pasado a lo largo de un largo año y llegar hasta aquí, pero es que, además… este camino está teniendo otros muchos momentos, sentimientos y sensaciones que perdurarán en nuestro recuerdo mientras tengamos memoria…

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Abandonábamos ese momento y entorno mágico, saliendo del bosque para cruzar una vía de ferrocarril y tras un breve ascenso por una pista forestal, volver a tomar contacto con la civilización al tropezarnos con un pequeña población y darnos de bruces con un sitio idóneo para hacer una paradita y probar la loncha de jamón de 550 gr. que habíamos comprado el día anterior para que ocupase el espacio dejado libre en el tupper por su predecesora, así como aligerar de contenido la botella de Mencía que nos acompaña desde el primer día. Poco más de 20 minutos han sido más que suficientes para atacar el jamón sin miramientos, no así el chorizo, que va mermando y este no es fácil de igualar, por lo que lo vamos racionando intentando estirarlo para que nos llegue hasta Santiago. Eran las 11 de la mañana y llevábamos cubierta prácticamente la mitad del recorrido, unos 12 kilómetros, pero también nos íbamos acercando, nuevamente,  a los 15 km, la barrera de sufrimiento tanto física como sicológica de mi rubia, por cuarta jornada consecutiva….

En otras ocasiones he comentado que cada peregrino, en circunstancias normales, sin dolencias extras o concretas, cada persona tienes su umbral de sufrimiento fijado en una distancia, Marian tiene la suya bien identificada… hasta los 15 va sin acusar problema alguno, a partir de ahí, poco a poco, empieza achacar cada kilómetro. Su frescura al caminar se va tornando en pesadez. Sus pasos y movimientos pierden ritmo y compás. La alegría del caminar, así como la del rostro, se tiñen de sufrimiento que se percibe tanto en el roce de las suelas de su calzado sobre el firme, como en las muecas involuntarias que los músculos de la cara percuten sobre ella a cada paso… ella quiere, pero a su cuerpo le cuesta… primero son los dedos de los pies, después las plantas, posteriormente sube por gemelos y tibiales y como un veneno se va propagando por todo su cuerpo hasta llegarle al cerebro… momento en el que se hunde y contra su voluntad.. porque lo que quiere es llegar YA!, tiene que parar, parar y descansar, 10 minutos son suficientes pero necesarios…

No me canso de decir que el Camino no es una competición, que el camino marca el ritmo de cada uno, lo importante es saberlo leer, conocer tus limites… hay que parar, parar y descansar. Parar y quitarse el calzado, los calcetines, estirar, meter los pies en agua, en una bolsa, en la hierba, en un cubo o un saco, lo de menos es donde los metas, lo importante es sacarlos, parar y descansar. Cambiar los calcetines, las zapatillas o botas.. que respiren los dedos, las plantas.. que descansen los músculos… gemelos, tibiales (cada uno tiene sus debilidades), esa es la única forma de que también se desbloqueé, se descomprima el cerebro y permita poder continuar…

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Marian, tras mucho sufrimiento por querer llegar y sobre todo por arrastrar 4 días superando con creces su límite… por fin ha entendido que tenía que parar y lo hemos hecho entre lágrimas a menos de un kilómetro del destino. Hemos parado, se ha sentado sobre una linde (de granito, claro está), nos hemos abrazado, besado. Se ha descalzado y quitados los calcetines, masajeado los pies con vaselina. Ha respirado y se ha vuelto a componer con calcetines nuevos y zapatillas distintas. No han sido más de 10 minutos, 15 como mucho. Hemos reanudado la marcha y su rostro era otro, distinto, volvía a ver a su alrededor. Nuevamente contemplaba los enormes ”casoplones” que por aquí se estilan, ha recuperado el habla y la conversación y poco a poco hemos alcanzado el objetivo, donde antes de llegar al hostal de hoy, antes de ir a darnos una duchita y cambiarnos de ropa… hemos hecho una paradita, nada más cruzar el rio, al otro lado del puente, para hacernos el selfie de “la 4ª conseguida” y tomarnos en la terracita de la cafetería Termas una cervecita, bien fresquita, que nos la hemos merecido…

Hoy ha sido un día inolvidable, un día para enmarcar… y aún nos faltan dos días de experiencias, porque mañana… mañana hay más!

Buen Camino. (mañana subo más fotos, hoy imposible por falta de wifi)

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